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Política y Twitter. Perfiles falsos, hashtag y breves bromas, son los instrumentos de una reencontrada comicidad online: horizontal, democrática y rápida. Así es como los desconocidos viven los 15 minutos de web-celebridad.

Por eso me gustaría compartir este excelente artículo publicado en el diario italiano Corriere della Sera, en el suplemento dominical La Lettura. Me encantó cómo la autora, Elena Tebano, desarrolla la idea de que esta plataforma de microblogging es tierra fértil para la sátira política. El mismo día en que he publicado este post, hay elecciones en Cataluña, donde vivo desde el año 2007. Así que resulta inevitable pensar en un twitts relacionado:

Aquí el artículo del periódico italiano:

“Después que su mensaje haya sido rebotado 22.500 veces en pocas horas, Patrick Curran, un estudiante de Boston, ha escrito otra frase en Twitter: «Creo haberme hecho famoso». Era el 23 de octubre, en la televisión había un debate para las presidenciales americanas y Curran, con su cuenta de 400 seguidores, había publicado en la red social una broma sobre la receta para la economía del candidato republicano («El plan de Romney en 5 puntos: 1. A izquierda 2. Atrás 3. Peso sobre el pie derecho 4. Peso sobre el izquierdo 5. Todos juntos: Cha Cha Cha»). Rápidamente se hizo viral y fue visto cientos de miles de veces. El suyo es un caso ejemplar: Twitter, con los 140 caracteres, el metalenguaje de los hashtag (las palabras claves precedidas del símbolo almohadilla «#») y la posibilidad de retwittear al infinito también los post de los desconocidos, se ha revelado un vehículo formidable para una nueva forma de sátira política, difusa y desde abajo, capaz de crear grandes revuelos que se esparcen también fuera de la Red, e improvisar a nuevas estrellas de la web. Basta con atinar una broma.

«Twitter es un medio democrático: mi actividad está a la par de cualquier otro. Aquellos mensajes más divertidos tienen resonancia porque pueden prescindir de la autoridad de quien los ha escrito: hay una suerte de mecanismo meritocrático», explica Stefano Andreoli, de 33 años, cofundador del fórum de sátira colectiva Spinoza.it. «Esto es particularmente desconcertante para los políticos, que con frecuencia piensan que pueden lanzar proclamas sin consecuencias. En cambio, hay una verdadera y propia carrera para replicar con tweets irónicos», añade Andreoli. Hasta el presidente saliente de Lombardía, Roberto Formigoni, ha probado la medicina. El 30 de mayo ha criticado el anuncio del registro milanés para las uniones civiles: «La familia solo conozco una, hecha de un hombre, una mujer y los niños; otro tipo no las conozco». Pocos segundos después le había llegado la respuesta de @apoenadir: «Tantas cosas no conoces o no las sabes. Quien te paga las vacaciones, por ejemplo».

Antes de la red social, solo los grandes cómicos podían permitirse de hacer llegar sus mensajes profanadores a los poderosos. La misma suerte le ha tocado al alcalde de Roma, Gianni Alemanno: las ironías sobre la gestión de la nevada de febrero en la capital lo han inducido a escribir un comunicado oficial de protesta. Y también ha desatado una polémica con la sátira tradicional: Maurizio Crozza ha sido acusado de haber ‘copiado’ en su monólogo en la tv algunas bromas de Twitter. Ha debido intervenir uno de sus autores, Federico Taddia, para explicar que se trataba de una casualidad. Pero así, indirectamente, ha confirmado la potencia de la sátira venida desde abajo.

En cualquier caso, lo mejor de sí Twitter lo da cuando usa su sintaxis, juega con lo falso, los perfiles pirata, o los hashtag. Es suficiente un detalle para dar la postura al revuelo, en una seria infinita de respuestas recíprocas. La campaña electoral americana ha hecho nacer una miríada de identidades satíricas, desde la sonrisa de Biden (@BidenSmirk, @SmilingJoeBiden), al Obama invisible (@invisibleObama) inventado el día del monólogo de Clint Eastwood con una silla vacía, en la convención republicana (…)

(…) Si la brevedad forzada de los mensajes proporciona a la red social su fuerza satírica – porque los usuarios se ven empujados a buscar el registro irónico que hace la síntesis más eficaz – con la búsqueda del comentario veloz y sintético el riesgo es la superficialidad. «Las bromas son como las piezas del Lego, con las cuales debes construir algo – explica la periodista y autora satírica Francesca Fornario – y la sátira por definición es un análisis crítico del poder, que usa la ironía, la comicidad y lo grotesco, para comunicar su verdad. Es raro conseguir sintetizar una visión del mundo en 140 bromas».

Hay muchas maneras de escribir un libro. Una de ellas es obligado por las circunstancias. Así es como se hizo Es mi hija, de Francisco Cárdenas (Barcelona, 1958), que su autor presentará en Barcelona el próximo 3 de octubre en el ámbito cultural de El Corte Inglés, del Portal de l’Àngel. En esta obra he colaborado como asesor editorial, además de firmar el prólogo. También estaré aportando unas palabras en la presentación, junto a Silvia Giménez Salinas, abogada de Cárdenas y exdecana del Colegio de Abogados de Barcelona.

Este es un trabajo crítico sobre el funcionamiento del sistema de protección de menores. De ahí el vínculo con mi libro Molly, historia sobre los centros de menores en Cataluña, que antecede a mi primer acercamiento con Cárdenas en el 2010. Es mi hija (Carena, 2012), reúne aportaciones de abogados, jueces, políticos, funcionarios, trabajadores sociales y hasta el Síndic de Greuges. Es el  relato verídico y documentado del caso que fue mencionado por el Síndic de Greuges en su informe anual de 2009, debido a los “indicios de irregularidad en el seguimiento del proceso de acogida […]” y que “refleja la necesidad de que la Administración revise en profundidad los procedimientos e instrucciones de las instituciones colaboradoras de integración familiar”.

Me consta que la literatura relacionada con este tema es reducida. Esto hace que la obra sea indispensable. Pero además, por el valor de su testimonio, así como la relevancia del autor, al ser el presidente de la Asociación para la Defensa del Menor (Aprodeme), que lucha en toda España para mejorar el polémico servicio de protección de menores, que en Cataluña es competencia de la Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència (DGAIA).

No es de poca monta las cosas que cuenta el libro en la página 77:

“El 1 de junio de 2012 recibía la sentencia favorable a mis intereses, que ordenaba al Colegio de Psicólogos repetir la investigación contra las actuaciones profesionales de (…)”

Más adelante, en la página 81:

“Es probable que sea más rentable para las instituciones públicas tener más funcionarios atendiendo cada caso con más dedicación. Alternativas saludables socialmente, como brindar apoyo psicológico a las familias con problemas, en lugar de etiquetarlos para toda la vida”.

Cuando un sistema funciona mal tienen que ocurrir demasiadas cosas para lograr cambiarlo. Ya han sido suficientes  para Cárdenas, así como para l0s 500 padres y madres de Aprodeme. En este sentido, el prólogo concluye así:

“Para Cárdenas publicar este libro no ha sido fácil. Primero tuvo que luchar durante tres años en los tribunales para que esta obra tenga sentido, para que el relato madure, de manera que justifique su existencia. A diferencia de otros libros publicados por personas ajenas al oficio de la escritura, esta no es una obra producto de la vanidad ni la arrogancia. Si a Francisco Cárdenas no le hubieran separado de su hija, a lo mejor nunca habría tenido la necesidad de hacerlo. Por eso hay que leerlo como lo que es: un libro necesario para comprender lo que está funcionando mal en el sistema de protección de menores”.

PD: para aquellos atraídos por las polémicas, el libro cuenta los encuentros de Cárdenas con representantes políticos, como Carme Capdevilla, Pere Bosch (ERC), Laura Massana Mas (ICV), Monserrat Nebrera (PP), Artur Mas y Josep Lluís Cleries (CiU).

Foto: concentración de miembros de Aprodeme frente a la sede de la DGAIA, el pasado 13 de abril en Barcelona. Cortesía de Aprodeme.

No sabría decir cuándo empezó el cabreo. Pero dicen los entendidos que todo empezó mucho antes de que existiera el actual sistema de protección de menores en España. En el siglo pasado, cuando las hermanas de tal o cual orden religiosa, le ponían el ojo a una madre soltera o un padre pobre. Así hemos llegado hasta el año 2012, en el que un funcionario (substituto del personal religioso) puede retirar un menor a su familia, por motivos como los ejemplos mencionados. Y todo esto sin la intervención de un juez. Con la actual Ley del Menor, y también con la próxima que está pendiente de reglamento, la retirada de la tutela de un menor se puede hacer sin una orden judicial. Sin embargo, para recuperarla, sí es necesario.

El cabreo puede durar muchos años reprimido. Así pasó con los niños robados del franquismo, esos que las monjas cambiaban de familia como jugando a ser Dios, que cuando se hicieron adultos formaron asociaciones y buscaron a sus padres biológicos debajo de las piedras. También con los padres de menores tutelados por la Administración, que después de seguir a rajatabla planes de mejora nunca mejorables , se cansaron de esperar por años para volver a compartir el mismo techo con sus hijos.

El segundo caso, el de los padres de hijos retirados, lo conocí por una serie de artículos publicados en el diario Público en 2009. Posteriormente publiqué el libro Molly, historia sobre los centros de menores en Cataluña, junto al periodista Jesús Martínez, pero lo más interesante ocurrió después: el cabreo salió del armario.

Decenas de esos padres en toda España se organizaron en la Asociación para la Defensa del Menor (Aprodeme), que hoy en día llevan meses manifestándose cada viernes frente a la sede de la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) de la Generalitat de Cataluña, en el número 52 de la Avenida Paralelo de Barcelona. Y el pasado día 23 trasladaron sus habituales pancartas hasta el mismísimo Parlament de Catalunya. Digo yo, que prefiero decirlo con palabras sencillas para que me entiendan: alguna causa justa deben tener para que tantas personas se reúnan en la calle, sabiendo que les puede perjudicar en los informes que de ellos elaboran los funcionarios de la DGAIA.

Todo esto ya ha aparecido en los medios. Pero no siempre las noticias tienen un efecto inmediato para despertar la reflexión colectiva y la transformación de las instituciones.

Conozco a algunas de las personas que habitualmente protestan los viernes. Algunas son madres que han tenido problemas económicos, los cuales han resuelto; otros, padres con problemas de convivencia, que una vez separados lo han superado; otros, padres de acogida, indignados de cómo ver que los niños que acogen, pasan sus vidas de familia en familia, como si se tratara de la colonia de verano de turno… y muchos otros tipos de casos. Todos ellos con argumentos bastante razonables para que sus casos sean revisados.

También puede decir que seguirán protestando, pase lo que pase, hasta conseguir que se revisen sus casos y se modifiquen ciertos aspectos ambiguos de la Ley del Menor. No es porque están desempleados y tienen tiempo libre para el cabreo. No es porque un partido político les paga con favores para fastidiar al opositor. No es porque les acaban de retirar a sus hijos y están resentidos, pues ya han soportado años de recursos en los tribunales, luego de la obediencia inútil a los modelos de conducta impuestos por los funcionarios de los servicios sociales. Es porque son sus hijos y los seguirán esperando en casa aunque pasen mil años.

También puedo decir a los responsables políticos de todas las comunidades autónomas, que este cabreo viene de tiempo atrás y está repartido en toda la geografía española. Si no me creen, echen un vistazo a las siguientes webs, donde podrán informarse.

· Centros de menores: anónimo y editado con regularidad, con noticias, enlaces y documentos.

· Es mi hija: editado por Francisco Cárdenas, vicepresidente de Aprodeme y representante de la entidad en Cataluña. Tiene ya 130.000 visitas y cuenta con vasta documentación sobre su caso particular y el de otras personas.

· Aprodeme: sitio web de la Asociación para la Defensa del Menor, con delegados en toda España y más de 500 miembros.

· Familia Desprotegida: blog editado por Adrián Dumitru Bangala, de nacionalidad rumana, 24 años de edad, con trabajo,  empadronamiento,  residencia en Murcia y arraigo en este país, donde cuenta su caso.

· Drari: blog del Col.lectiu d’Investigació Acció Participativa pels Drets de l’Infant.

· Colectivo No a O’Belen: blog de denuncia y crítica social, contra la Fundación Internacional O´Belen y demás empresas beneficiarias de la privatización de los servicios sociales.

· Menores solos: blog sobre los derechos del niño y los menores extranjeros no acompañados.

· Asociación de Familias Acogedoras de Galicia: como su nombre lo indica, editado con regularidad por la entidad gallega.

Cuando el colega Jaime Cevallos, corresponsal del diario El Universo, me pidió una opinión sobre el #casoElUniverso, no me esperaba la extensa reproducción en el medio ecuatoriano. ¿Cuánto puede importarle a los ecuatorianos mi opinión como periodista radicado en Barcelona? Pero cuando vi las notas relacionadas en el artículo, sobre la reacción en otros países, recordé que en un mundo globalizado la opinión internacional ayuda a crear consciencia local.

Para los que no lo saben, el presidente ecuatoriano Rafael Correa denunció judicialmente hace un año al periodista Emilio Palacio y los directivos del diario El Universo, por un artículo de opinión. El origen de la polémica está en la toma de un hospital de la policía por parte de agentes insurrectos, donde Correa permaneció encerrado por unas horas, hasta que fue rescatado tras un operativo militar de fuego cruzado entre las fuerzas de seguridad. En su artículo, la frase de Palacio que causó la denuncia del presidente fue:

“…por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente.”

El caso ha tenido un desenlace que no puede dejar indiferente a nadie, sean partidarios o no, del mandatario sudamericano. Cuarenta millones de dólares de multa para el diario y tres años de prisión para Palacio; el director del diario, Carlos Pérez Barriga; así como a sus hermanos, César y Nicolás Pérez.

Di mi opinión al diario El Universo sin conocer la que existe en otros países. Y pude comprobar que tan loco no estoy. Desde la OEA, la ONU, jueces de Brasil, o el Instituto Internacional de Prensa (IPI), manifiestan su preocupación por lo que ocurre en Ecuador. Por eso reproduzco aquí lo publicado el 17 de enero:

Gustavo Franco: “El caso El Universo refleja la escasa independencia del poder judicial en Ecuador”

Las voces de protesta contra la sentencia a diario El Universo siguen proliferando en España. Gustavo Franco, secretario de Medios por la Inmigración del Sindicato de Periodistas de Cataluña, señaló que el caso refleja la escasa independencia del poder judicial en el Ecuador.

“Desde el punto de vista legal, puede crear una jurisprudencia negativa, en contra de los ciudadanos, al situarse el presidente en un tribunal con la ventaja que proporciona todo el peso institucional que ostenta y su capacidad de influir en los jueces”, dijo Franco.

“Me parece que lo más grave es el activismo que está tomando Correa por fomentar este tipo de denuncias en otros países. El presidente ecuatoriano -aseguró Franco- está haciendo una campaña con ruedas de prensa, en sus encuentros con otros presidentes, y hasta hace bandera de su causa por censurar a los medios cuando crea que han emitido una información incorrecta o tendenciosa. Además crea un modelo a seguir de una actuación desproporcionada, pues aunque fuera tuviera la razón, las informaciones imprecisas deben ser compensadas con el derecho a la rectificación”.

Franco dijo que el presidente de un estado democrático debe asimilar la crítica como parte de los valores de esa sociedad, aunque sea mala. “Un gobernante elegido por sus ciudadanos debe saber que el poder lo expone a esto. Otra cosa es en un sistema político que no es democrático, donde la crítica es censurada porque el gobernante no ha sido elegido”.

“En Europa -recordó Franco- los juicios contra periodistas no sorprenden a nadie. Sin embargo, si un presidente se siente agraviado personalmente, debería esperar a dejar el poder para iniciar un proceso contra otro ciudadano. En España, por ejemplo, un periodista jamás iría a prisión por una supuesta difamación. El código establece ya unas penas en este caso, que son una sanción económica, inhabilitación profesional y la debida rectificación en el medio. Jamás la prisión, ni los millones que ha obtenido Correa en esta sentencia”.





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