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Hay muchas maneras de escribir un libro. Una de ellas es obligado por las circunstancias. Así es como se hizo Es mi hija, de Francisco Cárdenas (Barcelona, 1958), que su autor presentará en Barcelona el próximo 3 de octubre en el ámbito cultural de El Corte Inglés, del Portal de l’Àngel. En esta obra he colaborado como asesor editorial, además de firmar el prólogo. También estaré aportando unas palabras en la presentación, junto a Silvia Giménez Salinas, abogada de Cárdenas y exdecana del Colegio de Abogados de Barcelona.

Este es un trabajo crítico sobre el funcionamiento del sistema de protección de menores. De ahí el vínculo con mi libro Molly, historia sobre los centros de menores en Cataluña, que antecede a mi primer acercamiento con Cárdenas en el 2010. Es mi hija (Carena, 2012), reúne aportaciones de abogados, jueces, políticos, funcionarios, trabajadores sociales y hasta el Síndic de Greuges. Es el  relato verídico y documentado del caso que fue mencionado por el Síndic de Greuges en su informe anual de 2009, debido a los “indicios de irregularidad en el seguimiento del proceso de acogida […]” y que “refleja la necesidad de que la Administración revise en profundidad los procedimientos e instrucciones de las instituciones colaboradoras de integración familiar”.

Me consta que la literatura relacionada con este tema es reducida. Esto hace que la obra sea indispensable. Pero además, por el valor de su testimonio, así como la relevancia del autor, al ser el presidente de la Asociación para la Defensa del Menor (Aprodeme), que lucha en toda España para mejorar el polémico servicio de protección de menores, que en Cataluña es competencia de la Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència (DGAIA).

No es de poca monta las cosas que cuenta el libro en la página 77:

“El 1 de junio de 2012 recibía la sentencia favorable a mis intereses, que ordenaba al Colegio de Psicólogos repetir la investigación contra las actuaciones profesionales de (…)”

Más adelante, en la página 81:

“Es probable que sea más rentable para las instituciones públicas tener más funcionarios atendiendo cada caso con más dedicación. Alternativas saludables socialmente, como brindar apoyo psicológico a las familias con problemas, en lugar de etiquetarlos para toda la vida”.

Cuando un sistema funciona mal tienen que ocurrir demasiadas cosas para lograr cambiarlo. Ya han sido suficientes  para Cárdenas, así como para l0s 500 padres y madres de Aprodeme. En este sentido, el prólogo concluye así:

“Para Cárdenas publicar este libro no ha sido fácil. Primero tuvo que luchar durante tres años en los tribunales para que esta obra tenga sentido, para que el relato madure, de manera que justifique su existencia. A diferencia de otros libros publicados por personas ajenas al oficio de la escritura, esta no es una obra producto de la vanidad ni la arrogancia. Si a Francisco Cárdenas no le hubieran separado de su hija, a lo mejor nunca habría tenido la necesidad de hacerlo. Por eso hay que leerlo como lo que es: un libro necesario para comprender lo que está funcionando mal en el sistema de protección de menores”.

PD: para aquellos atraídos por las polémicas, el libro cuenta los encuentros de Cárdenas con representantes políticos, como Carme Capdevilla, Pere Bosch (ERC), Laura Massana Mas (ICV), Monserrat Nebrera (PP), Artur Mas y Josep Lluís Cleries (CiU).

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Foto: concentración de miembros de Aprodeme frente a la sede de la DGAIA, el pasado 13 de abril en Barcelona. Cortesía de Aprodeme.

No sabría decir cuándo empezó el cabreo. Pero dicen los entendidos que todo empezó mucho antes de que existiera el actual sistema de protección de menores en España. En el siglo pasado, cuando las hermanas de tal o cual orden religiosa, le ponían el ojo a una madre soltera o un padre pobre. Así hemos llegado hasta el año 2012, en el que un funcionario (substituto del personal religioso) puede retirar un menor a su familia, por motivos como los ejemplos mencionados. Y todo esto sin la intervención de un juez. Con la actual Ley del Menor, y también con la próxima que está pendiente de reglamento, la retirada de la tutela de un menor se puede hacer sin una orden judicial. Sin embargo, para recuperarla, sí es necesario.

El cabreo puede durar muchos años reprimido. Así pasó con los niños robados del franquismo, esos que las monjas cambiaban de familia como jugando a ser Dios, que cuando se hicieron adultos formaron asociaciones y buscaron a sus padres biológicos debajo de las piedras. También con los padres de menores tutelados por la Administración, que después de seguir a rajatabla planes de mejora nunca mejorables , se cansaron de esperar por años para volver a compartir el mismo techo con sus hijos.

El segundo caso, el de los padres de hijos retirados, lo conocí por una serie de artículos publicados en el diario Público en 2009. Posteriormente publiqué el libro Molly, historia sobre los centros de menores en Cataluña, junto al periodista Jesús Martínez, pero lo más interesante ocurrió después: el cabreo salió del armario.

Decenas de esos padres en toda España se organizaron en la Asociación para la Defensa del Menor (Aprodeme), que hoy en día llevan meses manifestándose cada viernes frente a la sede de la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) de la Generalitat de Cataluña, en el número 52 de la Avenida Paralelo de Barcelona. Y el pasado día 23 trasladaron sus habituales pancartas hasta el mismísimo Parlament de Catalunya. Digo yo, que prefiero decirlo con palabras sencillas para que me entiendan: alguna causa justa deben tener para que tantas personas se reúnan en la calle, sabiendo que les puede perjudicar en los informes que de ellos elaboran los funcionarios de la DGAIA.

Todo esto ya ha aparecido en los medios. Pero no siempre las noticias tienen un efecto inmediato para despertar la reflexión colectiva y la transformación de las instituciones.

Conozco a algunas de las personas que habitualmente protestan los viernes. Algunas son madres que han tenido problemas económicos, los cuales han resuelto; otros, padres con problemas de convivencia, que una vez separados lo han superado; otros, padres de acogida, indignados de cómo ver que los niños que acogen, pasan sus vidas de familia en familia, como si se tratara de la colonia de verano de turno… y muchos otros tipos de casos. Todos ellos con argumentos bastante razonables para que sus casos sean revisados.

También puede decir que seguirán protestando, pase lo que pase, hasta conseguir que se revisen sus casos y se modifiquen ciertos aspectos ambiguos de la Ley del Menor. No es porque están desempleados y tienen tiempo libre para el cabreo. No es porque un partido político les paga con favores para fastidiar al opositor. No es porque les acaban de retirar a sus hijos y están resentidos, pues ya han soportado años de recursos en los tribunales, luego de la obediencia inútil a los modelos de conducta impuestos por los funcionarios de los servicios sociales. Es porque son sus hijos y los seguirán esperando en casa aunque pasen mil años.

También puedo decir a los responsables políticos de todas las comunidades autónomas, que este cabreo viene de tiempo atrás y está repartido en toda la geografía española. Si no me creen, echen un vistazo a las siguientes webs, donde podrán informarse.

· Centros de menores: anónimo y editado con regularidad, con noticias, enlaces y documentos.

· Es mi hija: editado por Francisco Cárdenas, vicepresidente de Aprodeme y representante de la entidad en Cataluña. Tiene ya 130.000 visitas y cuenta con vasta documentación sobre su caso particular y el de otras personas.

· Aprodeme: sitio web de la Asociación para la Defensa del Menor, con delegados en toda España y más de 500 miembros.

· Familia Desprotegida: blog editado por Adrián Dumitru Bangala, de nacionalidad rumana, 24 años de edad, con trabajo,  empadronamiento,  residencia en Murcia y arraigo en este país, donde cuenta su caso.

· Drari: blog del Col.lectiu d’Investigació Acció Participativa pels Drets de l’Infant.

· Colectivo No a O’Belen: blog de denuncia y crítica social, contra la Fundación Internacional O´Belen y demás empresas beneficiarias de la privatización de los servicios sociales.

· Menores solos: blog sobre los derechos del niño y los menores extranjeros no acompañados.

· Asociación de Familias Acogedoras de Galicia: como su nombre lo indica, editado con regularidad por la entidad gallega.

(Actualizado: 05/05/2012). La promoción de mi libro sobre los centros de menores, escrito junto a Jesús Martínez, comenzó en septiembre del 2010. Desde entonces se ha comentado, publicado y criticado, lo siguiente:

> En el diario El Mundo publicó, el 29 de abril de 2012, el periodista Martín Mucha en un amplio reportaje:

(…) “La investigación de Jesús Martínez Fernández y Gustavo Franco, Molly, historia sobre los centros de menores en Cataluña, desvela el modo en que los padres pierden la custodia de sus hijos porque la Generalitat se extralimita en sus funciones. “El sistema es muy pervertido. Los niños se convierten en dinero. Tantos niños tiene, tanto dinero un centro de menores recibe”, afirma Martínez. “El sistema, en lugar de dar cariño a los más indefensos, los convierte en números”. (…)

> En la Cadena Ser, para el programa Punt de Llibre, nos entrevistó Pilar Argudo el 17 de marzo de 2012. En el audio hay que avanzar al minuto 10:47 para escuchar la entrevista.

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> La web sobre literatura “Ojos de papel” ha publicado el primer capítulo de “Molly, historia sobre los centros de menores en Cataluña”.

(…) “Las circunstancias requirieron un cambio de genero que le ha venido bien. El fondo es el mismo: la vulnerabilidad de los niños que nacen en las cada vez mas nutridas filas de los desamparados sociales y la posibilidad de que, al serles retirada la tutela a los padres biológicos, vayan de Guatemala a Guatepeor. (…).

> El 28 de septiembre de 2010 estuvimos en una tertulia en la ComRadio. Fue en el Programa tots x tots (audio), con el periodista Ramon Company (se escribe así, sin el acento, porque es catalán). Audio:

Unos fragmentos de lo que dijimos en directo:

Jesús Martínez: “Durante mucho tiempo esta mujer pensaba que la razón por la cual le retiraron la tutela de su hija, era por una cuestión de clase social; ella era una mujer inmigrante, sola, embarazada, sin familia, sin estructura familiar consistente (…) Lo que nosotros  realmente verificamos es que el sistema está viciado, es decir, la institución prefiere muchas veces actuar y después preguntar, motivados especialmente por la repercusión que tuvo el caso de la niña Alba“.

Gustavo Franco: “La carta (que nos obligaron firmar para acceder a un centro) decía que nos comprometíamos a utilizar la información de manera responsable, algo muy ambiguo (…) la reflexión de una asesora de la Generalitat en temas de menores, que es muy conocido, dijo que con la mitad del dinero que cuesta sostener un menor en un centro, se podría ayudar a muchos padres a resolver parte de sus problemas económicos y familiares.”

> Además han reproducido la nota de prensa enviada por Editorial Carena los siguientes sitios:

· Menores solos

· Fundación No A O’Belén

· Asociación Familias Acolledoras de Galicia

· Es Mi Hija.es

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Lo diré de una vez para que quede constancia: “Molly, historia sobre los centros de menores en Catalunya” es un reportaje hecho novela. ¿Reportaje? Porque todo lo que cuenta ocurrió realmente. ¿Novela? Porque las circunstancias nos obligaron a camuflar nombres y fechas. Haberlo hecho de otra manera habría sido un escándalo; gran satisfacción igualmente. Pero resolverlo tal como se ha publicado, ha conseguido universalizar dos temas actuales. El primero: la actitud desproporcionada, a veces, de los servicios sociales para retirar la tutela de los menores a sus padres. El segundo: el periodismo como perro guardián del poder.

Cuando teníamos el texto casi listo, hacia febrero de 2010, el compañero Jesús Martínez Fernández y yo nos encontramos con un dilema: cómo esquivar tres amenazas de demanda legal. Entonces consultamos tres despachos jurídicos diferentes. Además, pedimos el consejo de amigos y los amigos de los amigos. El más sabio lo dejó plasmado nuestro apreciado José Membrive, con la frase que da el título a este post y escrita en la Carta del Editor. En el breve pero preciso texto anota:

Frente al reportaje periodístico que señala con el dedo a personas concretas, que culpabiliza y afirma, que reduce el tema a un caso particular, el género narrativo lo universaliza. Los nombres y apellidos reales no vienen a cuento.

Esta experiencia me recordó a Truman Capote y su obra más conocida A sangre fría. Capote hizo entrevistas y consultó documentos, para publicar en sus propias palabras, una “nonfiction novel” (novela testimonio). En cambio Jesús se identificó más con El periodista y el asesino, de Janet Malcom. La autora narra la historia de un periodista que se enreda con un asesino para conseguir que le confíe la historia de su crimen. En cambio José, nuestro editor, fue aún más noble en el símil: comparó el caso con El Quijote de Cervantes. “Él también tuvo que buscar artilugios para contar su historia sin represalias”, nos dijo una mañana de cortados en la barra de un bar.

Un tema pendiente

Finalmente en junio de 2010, con el sello de la Editorial Carena, salió de la imprenta “Molly, historia sobre los centros de menores en Catalunya”. Ha pasado un mes más o menos y ambos autores estamos invitados el próximo 22 de octubre, a comentar nuestro libro en un debate sobre “medios de comunicación e infancia”. La Federació d’Entitats d’Atenció i d’Educació a la Infància i l’Adolescència, cree que podemos aportar hablando sobre los “tipos de conflicto entre la necesidad de informar y la intimidad del menor”.

Los centros de menores han sido un tema ocasional en los medios de comunicación. Durante el 2009, especialmente cuando se conocieron los informes del Defensor del Pueblo y el de Amnistía Internacional. Pero luego del efecto mediático de un par de días, los títulares relacionados se desvanecieron como humo. Por un lado, el periodismo de investigación es un bien escasísimo. Es costoso y tiene un precio político que no todas las empresas de medios, en sociedades democráticas o no, se pueden permitir. Ahí les va  la conclusión del periodista Javier Chicote, autor del prólogo de “Molly”:

Una investigación puede significar el fin de un contrato publicitario o la no concesión de una licencia de radio o televisión a la empresa editora del medio en cuestión. Así vemos el periodismo de investigación
totalmente marginado (los grandes titulares de los medios de referencia provienen, principalmente, de filtraciones interesadas —policiales, judiciales y políticas—, no de investigaciones periodísticas).

Chicote llegó a esta conclusión en su tesis de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid; defendida en el 2005 y laureada por unanimidad.

La otra causa del humo que quedó de los informes es la actitud de la Administración. Toda denuncia que pueda cuestionar el sistema de los servicios de atención a la infancia, recibe una contradenuncia de los servicios jurídicos a disposición de los funcionarios de turno. Así fue cómo le ocurrió a Amnistía Internacional. El sistema de protección de menores tiene su razón de ser. Pero nadie puede negar que el sistema también comete errores.

En la foto: Jesús y yo en el bar de nuestras tertulias periodísticas en la plaza Vicenç Martorell de Barcelona.

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